Viaje al fin del miedo

(Año: 1979 / 2019) Esta novela surge de una total reestructura realizada en 2019 de Creer o reventar / Novelón de los poetas muertos, que conoce dos ediciones, en formato papel (Edit. Proyección, 1991) y virtual (elMontevideano Laboratorio de Artes 2011). El texto fue comenzado a escribir en 1979, y exactamente cuarenta años después encuentra su forma definitiva y excluyente de la versión anterior. El autor decidió cambiar incluso su título el 15 de abril de 2019, contemplando las llamas de Notre Dame que iluminaron dolorosísimamente al mundo. Y ahora, en 2020, el extraño destino de esta “novela andante” parece presentarla también como una forma artística de resistencia a la
pandemia del Coronavirus. Porque, como señala Maryse Renaud en su premonitorio prólogo redactado en febrero de 2020 -un mes antes de la explosión global de la peste- el escenario generador de esta ficción autobiográfica era, ya en los años 70, un “laberinto parisino vivido en venenosas piezas de hotel” (…) cercadas por “paredes indiscretas detrás de las que se acumulan miles de ‘vidas breves’, a veces
insidiosamente golpeadas por la muerte (…)”. A lo que el autor agrega: sea en la época que sea, el problema no es tu horror ni mi horror, hermano. El problema es aceptar que uno está enamorado de la vida. Y que el principal enemigo del amor no es el odio sino el miedo.

Cuartel Artiguista de la calle Lepanto, Montevideo, abril de 2020.

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Acerca de esta obra

Prólogo de MARYSE RENAUD

HACIA LA INVENCIBILIDAD DE LA ADORACIÓN

Hay décadas y lugares particularmente propicios para la ensoñación, la meditación, las experimentaciones, los cuestionamientos y la afirmación de talentos. El París de los años 70, portador de los ecos violentos y transgresores de Mayo del 68, es una de esas
capitales tumultuosas donde la atracción -la fascinación- ejercida sobre la juventud latinoamericana se destaca con claridad.

No es de extrañar entonces que también el joven Hugo Giovanetti Viola, que en 1973 tenía 25 años, haya sucumbido al llamado de ese mundo singular, aunque París ya no era precisamente aquella Babel feliz que retratara Hemingway en « A moveable feast ». Su experiencia en esa ciudad cosmopolita y mestiza del Viejo Mundo minada por la miseria, la droga, la soledad, los excesos y los personajes truculentos de todo tipo, a medio camino entre lo sublime y lo grotesco, a veces sacudida por ráfagas de una fulguración exaltante, dio lugar algunos años más tarde, a partir de 1979, al nacimiento de un texto titulado tajantemente: Creer o reventar. Novelón de los poetas muertos.

Ahora Creer o reventar renace de sus cenizas con un nuevo título: Viaje al fin del miedo (Voyage au bout de la peur), un efervescente palimpsesto falsamente celiniano, ajeno al cinismo devastador del texto francés, tejido con mil reminiscencias al mismo tiempo
sabias y populares, donde aparecen convocados, entre muchos otros, Dostoievsky, Onetti, Knut Hamsun, Rimbaud, Rubén Darío y la imponente figura de Dante, así como una multitud de tonalidades lingüísticas -argot parisino, lunfardo rioplatense,
regionalismos e inspirados barroquismos-. Esta « novela autobiográfica » -porque aquí estamos frente a una ficción y no una mera autobiografía o una autoficción a lo Serge Doubrovsky- está totalmente basada en la vida del autor uruguayo, inserta en el contexto mundial de los años 70. De ahí, por ejemplo, las alusiones a la dictadura uruguaya de aquel momento, la muerte de Salvador Allende, la crisis del petróleo, etc.

Uno de los mayores atractivos de Viaje al fin del miedo reside en el ingenioso entrelazamiento de las dos voces que la estructuran: la primera persona, cargada de intimidad, de espontaneidad y portadora de la palabra viva del narrador, prolongándose hacia el desdoblamiento de una tercera persona distanciada, objetiva, novelesca. El referente de estos dos enfoques es Abel Rosso, el protagonista, cuyo camino iniciático será seguido por el lector a través de diálogos y situaciones de tonalidades tan chispeantes como inquietantes.

Este insólito recorrido -que se desarrolla entre el norte y el sur, París y Saint-Tropez- terminará liberándolo, tras múltiples peripecias, de la imprudencia, el narcisismo y la sensualidad egoísta de la adolescencia, hasta hacerlo acceder a la adultez. El laberinto parisino, vivido en venenosas piezas de hotel que encabezan las series de capítulos, y sus paredes indiscretas detrás de las que se acumulan miles de « vidas breves », a veces insidiosamente golpeadas por la muerte, no quedará, sin embargo, desprovisto de una salida. El infierno no terminará siendo fatal en Viaje al fin del miedo, y el mundo no será solamente corrupción.

Este nuevo texto representa, indiscutiblemente, el fruto de una exigencia personal de autenticidad, desplegada tanto en un encarnizado combate interior del narrador como en la resolución de una investigación de corte policíaco. La aventura parisina combina el compromiso literario, existencial y espiritual. Y es en esta constante atmósfera de desafío, al mismo tiempo grave y divertida, de caída y de resurrección, donde se desplegará un texto iluminado por la inefable gracia gótica de una infanta: Bénédicte. Más que cualquier otro personaje, ella simboliza el desamparo y la grandeza del ser humano, la inocencia y la vulnerabilidad de su pureza al borde del abismo. « Creer o
reventar ». Croire ou crever…. Este aforismo radical, título de la novela comenzada en 1979, no desaparece del texto actual. Por el contrario, su mención intercalada en intervalos regulares logra que recordemos el verdadero reto, épico y amoroso, de esta ambiciosa novela autobiográfica. Abel Rosso, héroe kierkegaardiano, sortea la dispersión de las individualidades desgraciadas y accede al salto ético de la completud espiritual que espera inconscientemente de él su adorada Bénédicte.

Poitiers, febrero de 2020

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