La negra jefa

(Año: 1989 / 2001) Este díptico novelesco pertenece a la serie El pasado del cielo, y fue adaptado para el teatro con guión de Hugo Giovanetti Viola y María Isabel Espinosa. También existe un cortometraje documental referido a esta historia, dirigido por Álvaro Moure Clouzet.

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Acerca de esta obra

PRÓLOGO DE ALEJANDRINA DA LUZ

MODO DE USO PARA UNA NOVELA EXÓTICA

Asumir la misión -casi impúdica- de dos adjetivos semánticamente contradictorios constituye un violento desafío a la imaginación, teniendo en cuenta que se produce además una emigración de género y espacio. Es posible “el jefe” tantos en términos generales como en los espacios discursivos de la historia y el deporte -desde José Artigas, el Jefe de los Orientales, hasta el Negro Jefe de Maracaná, Obdulio Varela- donde configura una distinción cargada de afecto y admiración. Sin embargo, enfrentarse a “la negra jefa” fuera del discurso o punto específico de ese complejo espacio-témporo-cultural que reconocemos y en el que somos reconocidos, exige atravesar las fronteras de lo cotidiano ingresando en un no-lugar, un espacio border-line, donde cada uno es exigido a ejercer su propia jefatura, la única posible, la de sí mismo.

Luz Adrogué nos desafía exhibiéndose como jefa, su jefa, convirtiéndose en paradigma capaz de unir y ejercer dos minorías emergentes en el Uruguay de los setenta, y aun después; mientras los personajes masculinos lamen y lamentan las heridas ganadas durante esos años que nos lastimaron a todos, las mujeres toman los controles. La femineidad se desborda primero en cuerpo propio y luego por el mundo. La novela, a pesar de los marcos formales, adquiere un ritmo femenino; del mismo modo que el toque de las llamadas nos conduce a los ritmos vitales, el texto se organiza en mareas que consiguen abolir el autocontrol masculino. Se trata de eros y tánatos unidos, indisolubles y fecundándose mutuamente, con una vitalidad que florece en mujeres capaces de mandar y mandarse, en todos los sentidos y con todos los sentidos. Crean y recrean en un mundo que ellas mismas han formulado, con reglas, con dolores y con alegrías; producen una episteme alternativa, una forma del ser-ahí y del ser-en-el-mundo, pero en ese mundo intransferible que se ha convertido en la única realidad aceptable.

Luz / Flor / Paloma son formas de un eterno femenino que posee todo lo dariano sin divinidades ni Eulalias, pero que también ríen y ríen uniéndose, dejándose devorar por la ola vital mientras que los hombres, en gesto más patético que digno intentan el vano ejercicio del poder inútil. Sixto / D’Artagnan / Abel / Ringuito no comprenden el rechazo del éxito -con minúscula, como todo éxito que se encuentra en el afuera del ser-y tratan infructuosamente de contener aquello que debería contenerlos, luchan en vez de integrar, temen en vez de disfrutar.

Atreverse a leer La Negra Jefa supone un acto de insensatez o de gran coraje; a menudo se afirma que ningún lector es el mismo luego de transitar un texto -tampoco somos los mismos después de cruzar la calle- pero en este caso particular quedan abolidas anteriores certezas. Giovanetti Viola junta lo injuntable, hace lícito lo inverosímil y transgrede el modo discursivo habitual. ¿Asistimos a la fundación de una estética? Todavía no podemos saberlo, pero sí podemos afirmar que se trata de una nueva estética.

Luz Adrogué nos presenta unas de las tantas formas omitidas de la “uruguayeidad”, mujer y negra. Heroica en el sentido de la “heroicidad uruguaya” sobre la que escribió el propio Giovanetti Viola, excelente alumna de las letras de tango y por tanto indiferente a los vanos triunfos pasajeros en las manos de un otario, la protagonista se convierte en una diosa extraña y envolvente, presencia permanente cual patrona de conventillo cuando los otros, los de-más necesitan consuelo y consejo a límites y excesos. Porque desde las escasas palabras de la diosa, y de los personajes femeninos en general, el único exceso posible, lícito y hasta necesario, es el exceso de Amor, ese amor mesiánico que establece su modo de ejercicio: “amar al otro como a sí mismo”.
Por eso la novela propone, más allá de toda certeza anterior, personajes masculinos que buscan el amor apalabrando el mundo, elaborando discurso en ocasión de todo lo que perciben mientras que los personajes femeninos encuentran su camino al Amor, simplemente amándose y permitiéndose amar todo lo que las rodea.

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La sonriente calavera de Jerry Salinger

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(AÑO: 2026) Este atìpica aproximación ensayística que Giovanetti Viola dedica al análisis de la polémica vida y obra del que considera uno de sus máximos maestros intenta saldar cuentas con el “negroleyendismo cristofóbico” norteamericano que sigue pretendiendo menospreciar las últimas cuatro nouvelles de profundo calado místico que el ermitaño de New Hampshire le regaló al mundo antes de dejar de publicar para siempre en l965. Salinger siguió escribiendo hasta su muerte ocurrida en 2010, y su viuda y su hijo son los encargados de ocuparse de la publicación de miles de páginas que el mundo entero espera como una lluvia de maná, en pleno auge del cada vez más asfixiante aluvión desesperanzado del Kaly Yuga.

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(Año: 2026) EL LADO DORADO DE LA LUNA
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