Obra de Acceso Gratuito
Podes leer o descargar esta obra y todas las obras de esta web sin costo. Accede al archivo en formato .pdf haciendo clic en el siguiente botón
(Año: 2016 / 2018) Introducción al folletín Niño con la ñata apoyada en el sexo de la Dios
Esta extensa ficción ucrónica (elaborada en base a hechos reales) está dividida en 64 episodios simétricos que se entrelazan episódicamente como los folletines del siglo XIX o las actuales telenovelas. Lo que se reinventa es un brevísimo romance que tuvieron en la primavera montevideana de 1942 el narrador Juan Carlos Onetti y la periodista María Esther Gilio.
Podes leer o descargar esta obra y todas las obras de esta web sin costo. Accede al archivo en formato .pdf haciendo clic en el siguiente botón
EPISODIO 1: NOVIA
Caramelo
Un atardecer de agosto de 1942 el Pibe Maggi atravesó taconeando eufóricamente la humareda del café Metro y puso sobre la mesa donde lo esperaba Maneco Flores Mora un ejemplar de la revista Apex y otro de José Artigas, primer Estadista de la Revolución:
-Estamos matando, hermano. Acabo de pasar por Preparatorios y ya los tiene un pueblo. Pero la sorpresa me la llevé con la flaquita María Esther, que quería a toda costa que le vendiera El pozo y terminé prestándole el que me dedicó Onetti cuando nos trajo Mascarada.
-¿La María Esther Gilio? ¿Pero qué edad tiene?
-Ella canta 16 -mojó un terrón en el café recién servido el muchacho que estaba a punto de cumplir los 20. -Pero a quién va a joder.
-Si tiene 14 es mucho -reprodujo Flores Mora el parsimonioso ritual de apertura del yesquero ya definitivamente impuesto por Onetti entre sus adoradores. -Y quiere leer El pozo.
-Y está hecha un caramelo. Mama mía. Una Bette Davis capaz de hacer babear de verdad al pobre Linacero.
-Ayer me lo crucé en la esquina de Reuter y me explicó que está escribiendo 1000
palabras por día para terminar el novelón sobre el fascismo que piensa presentar a un concurso el primero de setiembre. Aquí ya van varias noches que ni siquiera cae a llevarse garrones al mueble.
-A lo mejor anda precisando otra especie de Ester -se le hincharon de picardía las córneas al futuro doctor Maggi.
-¿Vos decís?
-A los twenty uno se pone canchero de verdad, botija. Vas a ver cuando te lleguen.
-Canchero puede ser. Porque vos a los 15 años ya eras el más “conchero” de los dos turnos del Liceo Francés, loco.
-Hacemos lo que podemos -empezó a lengüetar otro terrón el Pibe. -¿Sabés que tengo la corazonada de que esta flaca es capaz de desmomificarle el piturifismo raté al maestro?
-¿Y qué tal el cuento que nos trajo?
-Es una cosa angélica, a lo Paco. Con una minita que se salva milagrosamente de emputecerse y se llama María Esperanza. Aunque al final te quedás con la espina.
-Mirá vos la María Esther -se distrajo Maneco contemplando la última raya de oro que derramaba desde la Plaza Libertad sobre el humazo bamboleante del Metro. -Siempre fue un caramelo. Y yo que no me animaba a junarla demasiado porque me sentía unsátiro.
Socorro
Aquella tarde Onetti pidió para salir un rato antes de la agencia de noticias porque llevaba meses sin visitar a Torres, pero al bajar del tranvía en Agraciada y Tapes se desvió un par de cuadras en dirección a la zona portuaria.
-Dame la mano que los arcángeles me están mostrando la cruz, madre -murmuró al pararse para sacar un cigarrillo frente al templo de la Virgen del Perpetuo Socorro. Después contempló a Venus que parecía crujir entre el anaranjamiento de aquel veranillo donde las yemas ya anunciaban la reverberación de los frutales y de repente escuchó llegar una voz infantil desde la esquina:
-Mientras recorres la vida / tú nunca solo estás / contigo por el camino / Santa María va.
Entonces el hombre uniformado por una gabardina detectivesca y un gacho que le abismaba la miopía de murciélago cruzó hasta la vereda de Jujuy mientras oía entreverarse el estribillo con el enervamiento del pajarerío:
-Ven con Nosotros a caminar / Santa María ven / ven con nosotros a caminar / Santa María ven.
Onetti demoró dos cigarrillos en descubrir una surrealista mancha blanca incrustada en la copa de una higuera del gran baldío que permitía entrever casi completamente el Cerro y al final se animó a preguntarle a la cantante:
-Pero qué hacés allí, si se puede saber.
-Me estoy casando -se asomó entre las hojas una chiquilina de mirada más serena que divertida.
-¿Y de dónde sacaste esa canción?
-¿No sabés que esto se canta al final de la misa?
-Lo que nunca había visto es un traje de comunión con una cola tan larga.
-Es el traje que usó mi abuela para casarse -graznó sonriendo la novia escondida. -Ella es muy petisa. Yo lo robo del baúl pero no se dan cuenta. ¿Te gusta?
-Es muy hermoso.
-Gracias. ¿A vos te gusta casarte?
Entonces el hombre se dio vuelta a observar el templo aterciopelado por la horizontalidad crepuscular y se fue saludando a la infanta con un brazo tristísimo.
Cuadras
María Esther entró al café adultizada por un maquillaje jolivudense, tacos muy altos y una boina escocesa con bufanda al tono: los cigarrillos de las primeras mesas se torcieron unánimemente hacia su agitación bronquítica y ella tuvo que fabricarse una visera para localizar a sus amigos en el fondo del humo.
-Coño -sacudió un brazo Maggi para llamarla. -Mirá la sirenita. En este momento le das 19 por abajo de la pata.
-Pero si se volvió un hembrón.
-No me puedo quedar mucho rato porque mi novio me espera en la puerta del cine a las nueve y media -puso el ejemplar de El pozo entre los pocillos la muchacha que se ceñía las curvas huesudas con una gabardina de cuello alzado a lo Michèle Morgan.
-Me parece que alguien te estuvo llenando la cabeza con la “amoralidad” y la “degeneración” de Periquito el Aguador -frotó el falso Picasso de la tapa el Pibe. -Te arrepentiste rápido.
-Me lo devoré mientras caminaba las treinta cuadras que hay de Preparatorios a mi casa. Es una porquería maravillosa.
-Merde -chifló con una cadencia piropeadora Maneco. -Y vos sos una típica “nena onettiana” desde que entraste al liceo. Los viejos que te habrán esperado en la esquina desenvolviendo chocolatines.
-Bueno, por lo menos a ustedes los de cuarto los alboroté a todos -carcajeó María Esther.
-¿Te gustaría conocer a Onetti? -hizo una seña circular para pedir tres pocillos el muchacho de grandes dientes cancheros. -Anda medio enloquecido terminando una obra maestra, pero admiradoras de tu edad no encuentra todos los días.
-Pero decile que tengo 17.
-No hay problema. A él le gusta la gente mentirosa. Mañana es mi cumpleaños, aunque podríamos arreglar para vernos aquí mismo este sábado. Yo paso a verlo al trabajo y te lo confirmo por teléfono. Y después que la infanta desapareció filtrándose campaneantemente entre la intelectualidad de córneas ya muy inyectadas Flores Mora murmuró:
-Me la tirás desnuda frente al fuego en una cabaña de troncos y se la chupo hasta asfixiarme.
Luna
Onetti llegó a la casa de Torres García mientras una gigantesca luna naranja se levantaba sobre el encrespamiento cercano del Prado.
-Ahora faltan tres minutos -gritó en ese momento el frágil viejo melenudo que sostenía un reloj de cadena bajo la luz que derramaba en la vereda a través de una reja constructiva.
-Lo que pasa es que este Horacio sigue emperifollándose en el baño -se quejó Manolita a las corridas.
-A ese Horacio lo estampo contra la pared y se le chorrearán los sesos como a Sancho Panza -pegó un salto muy cómico el maestro, que estaba acompañado por un asustadísimo muchacho que Onetti no conocía.
-Pero cómo le va -se le verticalizaron complacidamente las tablas del sobretodo azabache a don Joaquín cuando vio al visitante. -Me he preguntado tanto por usted y llega justo cuando nos pasan a buscar para que dé la conferencia en Humanidades. ¿Es que ha estado malo?
-No. Es que durante los fríos me estraga un vicio que suele ser definido como la madre de todos los Pérez.
-Ah, la pereza -le relampagueó una carcajada rabeleisiana a Torres García, que se puso el reloj en el bolsillo antes de señalar a su acompañante: -Pues hoy tengo el placer de presentarle a un nuevo integrante de mi taller que es colega suyo: el literato Guido Castillo. Él dirigirá nuestro órgano programático, el Removedor.
Y mientras veían estacionarse al coche de Leborgne el muchacho se abalanzó a apretarle la mano con devoción al hombre jeangabinesco:
-Tengo pensado escribir un artículo sobre El pozo.
-Parece que a don Joaquín se le dulcificaron los ímpetus trepanadores -se sacó el gacho Onetti para reverenciar a Manolita y a sus tres hijos, que se codeaban admirando la imponente floración de la luna.
-Pues cuando Torres brinca ya es muy buena señal -pareció tintinearle la tercera orilla de la boca a la pequeña mujer dueña de una frescura desprovista innatamente de una edad definible. -Porque siempre termina cayendo en su polvo enamorado y santas pascuas. ¿No le apetece concurrir a una tertulia el sábado?
Esther Gilio.
Obras relacionadas
Visita todas nuestras categorías literarias
(40 CRÓNICAS UCRÓNICAS) es un libro atípico en el que el autor agrupa distintos géneros (entrevistas, poesía, narrativa y ucronías surrealistas) con la misión de capturar la esencia y existencial y metafísica de su padre, el plástico torresgarciano HUGO W. GIOVANETTI SANNA (1919 / 1979) a quien considera deberle “todo” en la vida.
(Año: 2020 / 2026) Hace unos años supe que mi única manera de llevar un diario era ir testimoniando el trajinar de mi trágica luminosidad fisuradora de la sombra amniótica a través de poemas de corte popular emergidos en forma de bitácora casi cotidiana (en un principio fueron haikus y después tankas rimadas, a los que muy de vez en cuando se agregan sonetos, sextillas o décimas, aparte de algunas reflexiones que pretenden aproximarse tanto a los koanes como a los llamados logiones evangélicos apócrifos). En pleno apocalipsis de la era de Gutenberg los textos siguen apareciendo continuamente en las redes y gracias a Internet (y al infatigable empuje autogestionario de elMontevideano Laboratorio de Artes, que fundamos hace ya 18 años con el cineasta multimediático Álvaro Moure Clouzet) dialogan sin el menor afán de lucro (el symbolleim dialógico es el reverso del diabolleim que rasga la unidad comulgante) con innumerables lectores de todas las capas sociales no uniformizadas ni manipuladas por el gusto oficial (o esnobismo globalista) que parecen ir proliferando ad infinitum sin que el establishment de capilla me haya puesto de moda ni me haya sido necesario mendigar espacios en las siempre flechadas editoriales de tirajes paupérrimos y copete multinacional (inventadas más para lavar dólares que para difundir cultura), lo que en mi caso significa algo así como haber concretado el sueño del pibe. En el volumen de mi Biblioteca Virtual que titulé Puro verso figuran los textos iniciales de Hombre solo adorando, pero en los últimos dos años se sumaron muchos otros que seguramente no dejarán de multiplicarse hasta mi último aliento.
(Año: 2024)
“¿Les molesta mi amor? (en esta vieja cultura frita)” (2024) es el provocativo título de la última novela de Hugo Giovanetti Viola. En una entrevista realizada al autor por Pablo Cossio (que puede ser leída en esta página WEB y funciona como un “espacio prologal” para introducirse en la ficción) HGV reflexiona sobre las consecuencias y los desafíos existenciales “pospandémicos” que parecen haber sacudido al mismísimo eje planetario.