Morir con aparicio

(Año: 1976 / 1981) Este díptico novelesco fue compuesto entre 1976 y 1981, publicándose recién en 1985. Es considerado el texto fundacional de la llamada “nueva novela histórica uruguaya”, y fue estudiada durante una década en los cursos de Literatura Iberoamericana impartidos en La Sorbonne por el catedrático y Maestro de Conferencias uruguayo Olver Gilberto De León.
En la Semana por Uruguay que se realizó en La Sorbonne en noviembre de 2006 con la participación de 41 hispanistas, Giovanetti Viola fue homenajeado junto a Felisberto Hernández, Juan Carlos Onetti, Enrique Amorim y Marosa di Giorgio como una de las cinco figuras más significativas de la literatura uruguaya en la segunda mitad del siglo, y Olver Gilberto De León presentó una ponencia centrada en “Morir con Aparicio”.

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Acerca de esta obra

EL RELATO TOMA UN NUEVO DISEÑO (PRÓLOGO A LA 3ª EDICIÓN) - RÓMULO COSSE

Esta obra que hoy vuelve a reditarse, reabrió en 1985 la gran línea de la novela histórica, entonces desatendida y hoy de moda. Pero eso no es todo. Morir con Aparicio revitalizó el cauce de la ficción histórica en cuanto al asunto que se cuenta, en este caso el levantamiento de Aparicio Saravia de 1904, pero rompió con todos los antecedentes en cuanto al lenguaje narrativo en sí mismo.
De modo que hay dos rasgos muy fuertes que la caracterizan y la distinguen del resto del relato uruguayo actual. En primer término le corresponde el mérito de reabrir la gran vertiente del relato histórico que luego se explayaría en gran parte siguiendo una tendencia considerable en América Latina. Pero lo curioso es que este aspecto tradicional, se materializa con procedimientos narrativos absolutamente modernos, a tal grado que se debe ubicar el texto en lo que hemos llamado tendencia de la ruptura del modelo realista y que se abre hacia 1940 (El pozo 1939). (1)
Aquí nos vamos a detener en los aspectos más salientes de este texto, que permiten claramente incluirlo en ese amplio movimiento de renovación que presidió Onetti y al que luego se incorporaron tantos narradores que vinieron a plantear un modelo del relato sustitutivo del canon realista que ya resultaba insuficiente para expresar los procesos culturales e históricos de la segunda mitad del siglo.
Se hará un examen sintético de dos de los más importantes factores constructivos de Morir con Aparicio, lo que permitirá ilustrar lo dicho. Estos dos factores son el punto de vista del relato y las relaciones intertextuales que el texto establece.
Sin embargo vamos a hacer una rápida observación preliminar, para referirnos al tema de la novela. Como ya lo indica el título, con sus resonancias y connotaciones, este tema remite a gran parte del despliegue social de comienzos de siglo y en especial a los levantamientos blancos, acaudillados por el célebre terrateniente norteño y tradicional enemigo de Batlle y Ordóñez, Aparicio Saravia. Esta referencialidad carga a la novela de un explícito sentido histórico, que como se verá se materializa y se constela en un lenguaje poético. Pero el abanico epopéyico de la historia, se alterna con representaciones de la vida cotidiana, atravesados por las pasiones crecidas en la neocolonial Maldonado. Son los amores que estremecen a Justo Regusci y Magdalena Tomillo; a Sabino Regusci y Carolina Tomillo.
De forma que los procesos de las grandes tensiones nacionales, se humanizan, se vuelven particulares y tangibles, en el perfil de aquellos rostros fernandinos, de aquellas islas y de aquellas costas.

La novela polifónica

Ahora bien, uno de los factores constructivos que notamos como fuertemente distintivos de Morir con Aparicio, es la movilidad en el punto de vista del narrador. Es decir, que la visión o el ángulo desde el cual se cuenta, de pronto está coincidiendo con un personaje, de pronto con otro, o bien con un narrador exterior a la historia y no representado -sin rostro, sin nombre, en tercera persona, pura función narrativa entonces-. De modo que el aspecto diferencial aquí es el desplazamiento en el punto de vista narrativo.
Esto es lo que se observa en el pasaje siguiente, donde un personaje secundario viene a informar a Magdalena, que Justo ha muerto según la trágica anunciación del título:
La llave y el pestillo se movieron despacio, pero de golpe la silueta del sueco enlutó doblemente a la muchacha (que abrió de un tirón): él se sacó el chambergo y bajó la cabeza sin hablar. Ella lo miró fijo hasta que un ramalazo de humedad le despojó los ojos de la última esperanza. “¿Cuándo fue?” preguntó. “En la batalla de Paso del Parque” contestó Jonás (…) Pobre hombre, pienso siempre: no lo volví a mirar. Me fui corriendo al cuarto y ni siquiera alcancé a agradecerle que hubiese esperado que mis padres no estuvieran en la casa. Entonces pude tocar el piano por mi hermano y por Justo (…) ( )
Como se advierte fácilmente, el pasaje en su primera parte está visto por el relator exterior no representado que antes se describió; en cambio en la segunda se identifica con Magdalena. Estos vaivenes en las voces que instrumentan el relato y establecen el régimen de su información, son bien expresivos de una concepción del mundo más matizada y compleja que la plasmación en la ficción clásica. Se ha roto con la presencia hegemónica del narrador exterior, ya no hay más verdad revelada -como la comunicada por ese tipo de informante en tercera persona con su acento sapiencial-. Al contrario, se impone por fin la visión polifónica en permanente contrapunto consigo misma, introduciendo matices y refracciones en la información, según quién sea el relator.
Por añadidura se demuestra una vez más, que es un grave error metodológico, la recurrencia a la antaño distinción de fondo y forma. Y se reitera que la estructuración o sea disposición relacional de los materiales constructivos, puesto que valora, acentúa y jerarquiza, es fondo, mientras que los elementos conceptuales, ya que no existen en abstracto sino objetivados en una secuencia y en un lenguaje, son a su vez, forma. Por eso los cambios en la perspectiva, se expanden significativamente más allá del plano de la cadena del relato en que se manifiestan y constituyen determinaciones de la propia visión del mundo de la novela. Y la novela se define entonces, por la dialéctica y polifónica representación de la vida.

De los lanceros a la poesía

El otro factor a considerar es el de las relaciones intertextuales instituidas centrífugamente a partir de Morir con Aparicio. Aquí no nos referimos solamente a las muy conocidas formas de aludir a otro texto como los acápites o citas expresas, que mantienen su condición de segmentos ajenos al discurso en el que se insertan. No, hablamos de la integración del poema transcripto -“Como un jazmín del país” de Washington Benavides-, con el texto en el que se inserta, y con el que se articula como una sola y homogénea cadena del discurso.
En estas situaciones el texto trasladado se incorpora sistemáticamente a la totalidad del relato y con el mismo estatuto narrativo que los demás segmentos. Vale la pena copiar ilustrativamente el pasaje en el que los promisorios amantes -Justo y Magdalena- se despiden, cuando él parte, literalmente a morir con Aparicio.
“Yo me voy con Aparicio” dijo Justo de golpe: “sé que otra divisa labran tus manos, y llevarán los varones de esta casa. Yo me voy con Aparicio, pero mírame a la cara, que lo que voy a decirte se dice una vez y basta”. Entonces me besó. Magdalena Tomillo dejó de oír las dianas durante la fracción de tacto intemporal que los hizo reinar a cada uno por siempre en la carne del otro. Me murmuró el Te quiero y enseguida agregó con los ojos cerrados: “Sólo una cosa podría detenerme: una palabra. Di que me quede y me quedo, jazmín del país, muchacha”. Magdalena sacó los pechos de la reja. De golpe me miró otra vez y me asusté, porque parecía otro. (…) “Ella lo miró a los ojos, pero no le dijo nada -y nada dijo después, cuando cayó con Saravia”. “Adiós” murmuró Justo tratando de besarme otra vez. “Ya no se oyen las dianas” advirtió la muchacha ofreciéndole una flor en lugar de su boca a través de las rejas: “No me escribas: volvé”. (…) (El subrayado es mío para destacar el poema de Benavides). Habría que remontarse hasta Dejemos hablar al viento de Onetti, para encontrar otra solución intertextual tan audaz y efectiva. Pero además están brillando los sujetos de la acción, esas figuras conmovedoras y trágicas, como Justo y Magdalena; o apasionadas hasta la desesperación, como Sabino y Carolina; o las terribles escenas de la invalidez de la madre de Magdalena, y el despliegue del gran movimiento histórico, como el relato de la guerra de 1904. Por todo esto, podemos decir que la novela que hoy se redita es una pieza decisiva de la ficción uruguaya actual.

Notas
1) El concepto de tendencia, utilizado para sustituir al de “generación” - que resultaba totalmente inoperante para describir el lenguaje específico de la obra literaria- fue empleado y descripto por nosotros en “Fracturas y modelos en la ficción uruguaya”, 1987, pp. 6-8; y en Fisión literaria – Narrativa y proceso social, Monte Sexto, 1989, pp. 139-141.

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